domingo, 23 de julio de 2017

23.07.2017... Semblanzas de Verano II: ahora sí!

He despertado con la luz y las campanadas de las 7h. He intentado volver a dormir pero un sin fin de cantos, a cual más particular, me ha recordado dónde me encuentro y que lo mejor era aprovechar la banda sonora y salir a ver el despertar silencioso del campo, con esos sus sonidos particulares.




El olivo del patio pequeño crece, ya tiene aceitunas. Cuando lo plantó mi padre no tiraba, estaba como paralizado. Los primeros años no le crecían las ramas ni el tronco ensanchaba ni un milímetro. Yo pensé que estaba muerto, seco por dentro. Me apenaba fuera así. Pero las ramas, pequeñas, siempre estaban verdes y las hojas también. El olivo, junto con la higuera, son dos árboles muy simbólicos para mí, dicen mucho de mi vida y siempre, desde bien pequeño, me recuerdo junto a alguno de ellos: mi abuela Señor tenía una gran higuera plantada en su corral, inmensa y mi abuelo José María siempre tuvo unos pequeños olivares.

Mi padre confió desde el primer momento. “Tiene que encontrar su sitio”, decía. Al cuarto año comenzó a tirar, a crecer como en un impulso de necesidad, de sobreponerse a lo que podía haber sido su final. Dos años más tarde, ahora, casi ocupa todo el pequeño patio interior y emerge hacia el cielo con ganas de vivir y sentir. Esta mañana, al verlo, me ha parecido que tiene una especie de forma en árbol de navidad.

Y la higuera está hermosa. No de ja de crecer y sus hojas inmensas tapan la cantidad de higos que de seguro nos dará si mis amigos los tordos y gorriones no acaban con ellos.

La parra inmensa ya en racimos de uvas que brillan según va saliendo el sol, ese sol que desnuda el viento y lo convierte en un visillo de esperanza perfumada.

La mañana amaneció fresca, agradable. Me senté en el porche y tomé las notas en el cuaderno que ahora transcribo por aquí. Quisiera escribir todo, quisiera guardarlo todo.




Qué es escribir sino volar. Veo alguna que otra golondrina. No muchas. En su trayectoria de vuelo parece no dejan ningún rastro. Cuando escribimos sentimos que volamos, pero dejamos un rastro, nuestro rastro que es el que quedará siempre.

He sentido el ambiente veraniego del pueblo. Su alegría. He saludado a amigos que hacía tiempo no veía y que si no es porque año a año vuelven por aquí tal vez ni nos veríamos.

Los pueblos en verano tienen una alegría especial, luego todos se van y parece se inundan de tristeza, pero no es así, todo tiene su encanto, su poesía. Cada estación llena de armonía, de cierto sabor y olor cada uno de los rincones de estos campos.

Tengo que aprovechar estos días y repasar la corrección de lo que será mi próximo libro y que ya, sin darle muchas más vueltas, quedará titulado como ‘Silenciando el Camino. Diaforismos 2013-2016’. Han quedado poco más de 700 páginas de vida, de pensamiento y reflexión. 700 páginas de caminos y de este rincón.


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A veces pienso que podría ser uno de esos Thoureau que cada día más aparecen por ahí, ajenos al asfalto de las ciudades, ajenos a las prisas y los demonios que nos invaden; viviendo el campo a cada momento, en cada una de sus hermosas estaciones.

Y el tema de motivación de este domingo, se la lleva un clásico, me encantaaaaa!!!:

Dice Maimónides que...

“Enseña a tu lengua a decir ‘no sé’ y progreso verás” 

sábado, 22 de julio de 2017

22.07.2017 Semblanzas de Verano I: De Barcelona a Minaya!

Ayer noche llegaba de Barcelona a Getafe y esta noche, exactamente ahora mismo, veo cómo se pone el sol mientras escribo estas líneas desde mi porche en Minaya.

No sé si es un merecido descanso, no soy yo quién para decirlo, de seguro otros lo merecen más y posiblemente no puedan hacerlo, lo que sí sé es que se había convertido en una necesidad no solo física sino mental y espiritual.



Comienzo así unos días que pasarán por este mi rincón universal, que es mi pueblo, simplemente Minaya.

Al medio día, al abrir la puerta para entrar en el patio de la casa, he podido comprobar la mirada de cada uno de los tordos y gorriones que campaban a sus anchas entre la higuera, el almendro, la parra y las tomateras. Felices en su paraíso, hasta que he aparecido con el rugir antinatural del coche.

Es como si un extraño invadiera un espacio suyo, propio, único, tranquilo entre cuatro muros y esos tejados que resguardan algo de los soles manchegos de estas fechas.

Su mal humor, sin duda, puede verse correspondido con mi felicidad y alegría al verlos volar; al sentir la satisfacción de poder escuchar sus trinos quejándose, sus vuelos furtivos entre las columnas y las ramas; ese despertar que encontraré por unos días.

Podría no escribir este momento en el que llego aquí. Hasta en los primeros instantes me extraño, porque me parece mentira, pero estos días de transición, de desconexión vital, en mi tierra, en mi campo, con estos sonidos, este cielo y sus estrellas, me supone volver a reiniciarme.

Es esencial parar para seguir.

Quiero recuperar mis ritmos físicos. No me siento en plena forma y me he dejado ir demasiado. Poco a poco trataré de ir recuperando mi estado habitual. Esta tarde me han salido cerca de 10 km tranquilos en ese bello camino a la Estación, con el silo en el horizonte, en un atardecer sin fin.

Tengo necesidad de envolverme en lecturas que no tengan que ver con informes, balances, cuentas, ejecución de presupuestos y demás libros de empresas y derecho.

Sentir mi espiritualidad, reflexionar y meditar a la vez que sigo creciendo en mi equilibrio emocional y vital.

Y, por supuesto, no olvidar la poesía y sentir siempre esas mariposas que sonríen sin cesar cuando acaricias sus alas.


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Ayer sentía ese Barcelona, hoy siento este Minaya que como desde siempre, me arropa.
El cómo percibimos las cosas es de extraordinaria importancia a la hora de decidir y actuar. Cada uno lo hace de una manera, por ello cada uno, en lo mismo, decidimos y actuamos a nuestro modo. La percepción de lo que vemos o sentimos es algo que deberíamos controlar y a lo mejor, así, no tendríamos disgustos posteriores.

viernes, 21 de julio de 2017

Dice Tony Robbins que...

"Si no plantamos conscientemente las semillas que deseamos en los jardines de nuestras mentes, terminaremos rodeados de malas hierbas"

jueves, 20 de julio de 2017

miércoles, 19 de julio de 2017

19.07.2017... Para qué más!!!

Hablaba esta mañana, temprano, con mi hermano, que llegados a este momento del año como que uno comienza a sobrarle todo, no sólo la ropa por el calor.

Son estas fechas del 'curso', septiembre a julio, en las que comienzas a plantearte el por qué de estar metido en mil historias, a cada una mayor, unas con placer, otras por devoción y, alguna también, por obligación que te tienen de un lado a otro sin tiempo ni siquiera para disfrutar del sol que cada día amanece como alumbrándote una nueva vida.

Ahora leía lo que escribía hace años por estas fechas. Siempre es lo mismo, siempre es la misma queja; siempre esa desesperación de buscar con sano deseo la desconexión total.



Si fuésemos capaces, durante el año, de organizar ese mínimo tiempo para nosotros, no llegaríamos tan derrotados físicamente a esos días de agosto que buscamos como si de un oasis en el desierto se tratara.

Preparo en estos días, con verdadero placer, la clase que, sobre Liderazgo Político, impartiré en Barcelona en el SEMINARI D’ACTUALITZACIÓ PER A ELECTES LOCALS, MATINALS PRAT DE LA RIBA, 7a edició FAAEE-UAB

La preparación de mis clases es todo un ritual, no sólo porque cada una de ellas la preparo como si fuera la primera y única, sino porque me resulta de un placer infinito hacer algo que me apasiona: decir lo que pienso a la vez que digo lo que todos saben.

Esto me lleva a ciertas contradicciones mentales: para qué nos envolvemos en mil asuntos que, más allá de quebraderos de cabeza, nos enriquecen -y no hablo de nada material- lo justo.

No hace falta que cuente a nadie lo que es el liderazgo: ese talento para influir en los demás.

Cada vez que leo más sobre este tema tengo más claro que lo esencial es ser capaces de liderarnos a nosotros mismos y ese liderazgo sincero, honrado y honesto con nosotros es el que te hace tener, también, una estrategia de futuro para contigo.

¿Qué soñamos? ¿Qué deseamos?

¿Qué hacemos cada día para intentar que se cumpla?

¿Qué das a los demás?

¿Qué contagias?

Nos medimos siempre profesionalmente. Buscamos tener más porque nos rodeamos de otros que quieren tener más y no nos permitimos estar por debajo. Pero ¿qué es estar por debajo? No tener una casa con cinco baños? No disfrutar de un coche de alta gama? Tal vez estar por debajo sea carecer de valores o, simplemente, vivir en el engaño de una vida superflua, sin sentido.

No nos damos cuenta de que nuestras vidas están atrapadas por el qué dirán y el consumo. Vivimos consumiendo mientras nos consumimos en el tiempo. Consumimos para intentar o pretender dar sentido a nuestra vida.

¿Nos hemos parado a descubrir quiénes queremos ser de verdad?

¿Sinceramente, reflexionamos sobre si vale la pena o no lo que hacemos en nuestro día a día?
“Lo que cuenta en la vida no es el mero hecho de haber vivido. Son los cambios que hemos provocado en las vidas de los demás lo que determina el significado de la nuestra”, Nelson Mandela.
Siempre hay tiempo para reinventarnos.

He pensado siempre que el camino a la felicidad en el ámbito laboral no está en tener un trabajo adecuado, con un cargo fantástico que adorne una tarjeta o que te genera más ingresos; el camino a la felicidad consiste en disfrutar y divertirte con lo que haces.

Por eso el mejor lugar de un líder no siempre es estar en el lugar más alto, representativo o poderoso. Es el lugar donde podemos servir y aportar valía a los demás.

Es ayudar a los demás lo que nos enriquece.