domingo, 31 de julio de 2016

Es lo que tiene la vida que para Ser hay que estar y para Estar hay que ser. La fórmula esencial es no dejar de Ser uno mismo, aunque cueste.

sábado, 30 de julio de 2016

30.07.2016... Olas de Verano I.

Los veranos siempre son como las olas, vienen y van; e igual que vienen van. Los esperamos en la orilla, con ese deseo, prácticamente como del que no ha tenido nunca, nos acaricia, nos moja, y vuelven a marchar a ese infinito mar que se va llenando de recuerdos a los que sólo, cuando nos atrevemos a adentrarnos y bucear en su interior, encontramos.

Ayer, en mi cuaderno, recorté esta caricatura para evocar, en mis páginas diarias, el comienzo de mi verano. Virginia Woolf y Herman Meelville. Dos grandes de la literatura. Me gustó la caricatura, tal vez, por esa especie de parecido físico mío a la imagen de Melville. Tal vez, también, por tratar de provocar en mí una especie de aliento o ansia de convertir estos días en literatura. Sólo así podría ser capaz de conseguir unos días distintos al restos.

Sé cómo comienzo; no sé cómo termino.

Vivo y existo; busco y disfruto. No tengo claro lo que encuentro, sí lo que deseo. Descubro cada presente y, simplemente, me transformo en él.


Gomá reflexiona hoy, en el periódico El País, sobre la ‘dignidad’.

La dignidad, es la cualidad que se hace valer como persona, se comporta con responsabilidad, seriedad y con respeto hacia sí mismo y hacia los demás y no deja que lo humillen ni degraden.

Nos dice que Kant distinguió entre lo que tiene precio y lo que tiene dignidad.

Tiene precio todo aquello que es susceptible de adquisición o compra por algo equivalente.

Aquello que no tiene precio, que es canjeable, es digno de ser.

¿Es el hombre incanjable? Depende.

Los años te hacen recordar situaciones y momentos. Me venía a la cabeza aquél primer almuerzo con uno de esos vecinos del municipio, además de empresario, con intereses respetables, varios y variados, pero que utilizaban su ‘poder económico’ para intentar amedrentar a unos y otros con la intención de influir en determinadas situaciones o decisiones para que no fueran en contra de su particular interés. 

Ni digo por justificar, ni mucho menos justifico, pero es cierto que mi norma siempre fue y es, cuando almuerzo de trabajo, sea quién sea, abonar yo la primera. Tiene motivo fundamental básico: si no hay más reuniones, evitar todo tipo de comentarios mal intencionados.

Ahora, bastantes años después, el que un político municipal almuerce, en lugar público, con un empresario de la localidad, es prácticamente un ‘delito social’. Yo sigo creyendo que el concejal de un pueblo tiene que hablar, comer, alternar, reunirse, con todo el mundo, sea vecino de a pie, empresario, activista social o lo que sea. La responsabilidad es otra. La responsabilidad es tratar de buscar el bien general y nunca el interés particular.

El caso es que este señor, terminado el almuerzo reunión, antes de marchar, me dijo:

“Más tarde o más temprano, JL, vendrás y me dirás tú precio, porque todos tenemos un precio”.

Atónito me marché no sin antes despedirme diciéndole una gran verdad: “la dignidad no tiene precio”.

Ni antes había escuchado algo así de nadie, ni nadie me ha vuelto a decir algo así.

Nunca llegué a llevarme bien con aquél tipo, tampoco me he sentido nunca más digno que nadie. Él tampoco llegó a llevarse bien conmigo, algo que, por cierto, era habitual en ciertos ambientes.

Termina Gomá su artículo con una de esas máximas que hay que dejar guardada en nuestros cuadernos:


“Compórtate de tal manera que tú muerte sea escandalosamente injusta”.





Música Running: Rozalen - Será Mejor

Dice Ian Maclaren que...

"Sé compasivo, porque cada persona con la que te cruzas está librando una dura batalla."

viernes, 29 de julio de 2016

Sufrir derrotas en la lucha por un sueño es todo un éxito. No luchar por miedo a la derrota, es un fracaso.

jueves, 28 de julio de 2016

28.07.2016... El Arte de Ser Libre.

Todo lo que es, fue y será, siempre es Aquí y Ahora. Es ese momento sin tiempo; lo es todo, fuera de él no hay nada, es la vida. Este momento presente sea cual sea lo que estemos haciendo, es lo único real. 

No me canseré de decir, escribir y tratar de practicar, no es tan complicado.



En estos días en los que se acerca, como una ola que nos arrastra, ese período en el que tratamos de escondernos del mundo material y diario, para  buscar la paz, la quietud, los momentos más ociosos, escudriño entre lecturas varias con el ánimo de ir envolviéndome de literatura que lo merezca, poética, y abandonar tantas resoluciones, informes, cuentas, balances, resultados de explotación y demás.

La lectura nos acompaña como la vida. Y buceando por ahí encuentras algunas de esas palabras que, si no fuera porque conoces al autor, podrías pensar haberlas escrito tú en algún momento.

En estos días en los que las noticias nos arrebatan la tranquilidad, en los que el calor deshace nuestros pensamientos. En estos días en los que no dejas de comprobar la maldad y el egoísmo de los seres humanos. En estos días, descubrir un espacio o rincón de belleza, es como encontrar un parque verde, en medio de un enorme desierto.

Es lo que me ha pasado leyendo el blog El Arte de Ser Libre. El título ya merece la atención; la lectura pausada, por orden cronológico, de sus pocas, por el momento, entradas, dan cuenta de la sensibilidad de su autora.
"confirmo y enfatizo esa necesidad de soñar a la que muchos no dan importancia. Soñar en letras, en palabras, en versos, en líneas... como sea pero soñar y vivir con Ilusión... uno de los generadores más potentes de nuestra propia realidad."
A veces uno lee frases, palabras, textos, en los que se reproduce. Es como sentir que tú habías escrito aquello que lees y no es tuyo.

"cómo no creer en esa magia que la vida tiene, cuando encuentras ese matiz y profundidad de la soledad buscada en los ojos de aquel para quien los momentos del silencio son igual de necesarios... es como escuchar de repente a alguien hablar tu lengua materna entre la confusión de los sonidos y sílabas de un idioma desconocido."
Con el tiempo, con los años, nos vamos llenando de lecturas que nos acompañan y van formando parte de ese libro que es nuestra propia vida.

Cómo llega uno a esculpir versos o de cómo los versos van esculpiendo la vida de cada uno es algo que sólo el tiempo dirá. 

Y es así cómo en esa libertad, cómo en ese desesperado, a veces, arte de saber ser libre, de saber encontrarse con uno mismo y disfrutar de esos momentos poéticos que la soledad te provoca, cuando realmente se valora y se es consciente de ese instante presente. La única manera de encontrarte es buscándote.

Son días en los que apetece sumergirse en lecturas, días en los que la mente te reivindica poesía y sensibilidad.

Continuaré leyendo y viviendo, viviendo y leyendo. Continuaré buceando por este blog que transmite esa sensibilidad tan ajena en este mundo. 

La escritura es un reflejo de la persona que escribe. Compartir con los demás, en abierto, es un acto de valentía; escribir es un acto libre, de creación artística que sólo unos cuantos son capaces de hacer. 

Espero seguir visitando este blog y encontrar, cada semana, palabras que evoquen sentimiento, emoción y poesía.

Dice Eckhart que...

"El tiempo es lo que impide que la luz penetre en nosotros. No hay mayor obstáculo a Dios (conciencia despierta) que el tiempo".

miércoles, 27 de julio de 2016

De ciertos momentos siempre destacaría los silencios y de ciertos silencios los momentos poéticos que provocan.

lunes, 25 de julio de 2016

25.07.2016... Reflexiones Personales XI

Podríamos decir que es un día tal como domingo, pero es lunes. Podríamos decir que continuamos contemplando el azul del cielo, el dorado del campo y el olor a tierra; pero vemos el negro asfalto y ese color del ladrillo. Hace calor, el mismo, pero es diferente. Siempre cuesta volver, pero lo importante es el privilegio de poder hacerlo, para vivir y disfrutar de esos presentes poéticos que nos provoca el tiempo que se nos ofrece a cada instante.

Estos días, aprovechados al máximo en una cura mental y espiritual, que no física, contemplando, por ejemplo, a qué dedica el tiempo mi hijo, que es a lo que lo dedican la mayor parte de los adolescentes que como él disfrutan del privilegio del 'todo', me doy cuenta de la capacidad que tienen de desperdiciarlo. Y viendo eso pienso que, a los menos jóvenes, a los mayores o a los viejos, llámese como quiera llamarse o sentirse cada uno, nos queda mucha juventud que aprovechar. Y eso pasa, en contraposición, cuando veo a mi padre; le siento ese ansia por vivir y aprovechar cada instante, a veces en exceso, como si le fuera a faltar mañana. Tal vez esa debería ser la regla: aprovechar cada día como si nos fuera a faltar el mañana, pero desde siempre, con equilibrio, en medida, de tal manera que nunca tengamos que superar ese limite con el riesgo de pasarnos de la raya por miedo a no tener ese mañana.


Cuando algo bueno se acaba, nos viene la nostalgia y la añoranza. Con el tiempo nos olvidamos de ello y damos la espalda a disfrutar aquello que tenemos tan cerca y que simplemente nos provoca estados emocionalmente felices.
Creemos que la felicidad está ahí afuera, rodeada de bienes materiales, de consumo, de mentiras. La felicidad está aquí dentro, junto a nosotros, tan al lado que la llevamos en nuestro interior a la espera de ser rescatada.

El equilibrio emocional y la felicidad está en las pequeñas cosas; ese paseo por el campo, ese libro, esa copa de vino, la canción que escuchas, la sonrisa que conoces, el verso que te inspira, el beso escondido que das, la mirada callada, el silencio... 

Si todos tenemos la opción de vivir cada momento, con emoción, alegría y pasión ¿por qué no lo hacemos? ¿por qué, al menos, no lo intentamos?

Decía Horacio algo así como "Carpe diem, quam minimum credula postero", no será una buena traducción pero se acerca: Aprovecha el día, no confíes en el mañana.

Mañana será otro día. Una semana de esas cortas que no me suelen gustar más que por esos pequeños momentos que siempre encuentro y que me hacen sentir. Una semana cargada de objetivos que cumplir y temas que cerrar antes de comenzar ese período estival, de agosto, en el que parece todo tiende a paralizarse. Todo menos los versos, menos la poesía.

De estar mal a estar bien solo va un instante, el preciso para cambiar el pensamiento.

domingo, 24 de julio de 2016

Dice Hannah Arent que...

"Nobleza, dignidad, constancia y cierto risueño coraje.Todo lo que constituye la grandeza sigue siendo esencialmente lo mismo a través de los siglos" 

sábado, 23 de julio de 2016

23.07.2016... Recuerdos en Minaya II: de Restaurantes.


Aquí, en Minaya, duermo como en ningún sitio. Me cuesta una noche para adaptarme y desconectar, o desestresar, del todo. A partir de ahí mis ocho horas no me las quita nadie más que ese trinar de las golondrinas por la mañana.


Despierto cada mañana, busco la primera ventana o abro la puerta y, sinceramente, lo primero que pienso es que nada es igual cada día. 

Esa reflexión me lleva, tras una inmensa gratitud, a sentir que nada permanece eternamente. Todo cambia; todo lo que nace desparece, aunque no seamos capaces de saber cuándo.

Visualizo el cielo, el campo en su constante transformación. No es el de ayer ni será el de mañana. La esencia de su belleza es esa, la eterna transformación. Es como una flor que termina por secarse y desaparecer, pero sabemos que la esencia de su hermosura poética es esa, mañana otras nos acompañarán.




El viento, el cielo, la arena, el mar; nuestras manos, nuestro pelo, nuestro cuerpo, nuestros seres queridos; todo cambia y todo tiende a desaparecer.

¿Por qué no disfrutamos más ese instante presente en el que olemos, como ahora, como cada mañana, respirando la belleza de las cosas que nos rodean?

Este es mi despertar cada vez que, no tanto como quisiera, habito en este rincón mío.

Estos días levanto y, antes de que el sol coja fuerza, riego esa pequeña huerta, que con cariño planta todos los años mi padre, y que nos sirve para vivir la ilusión de comer un tomate y un pepino con ese sabor a tierra nuestra.


A continuación el café casi solitario en uno de esos lugares nuestros: el Alejo o el Diego, ambos ahora regentados por otras personas.


En el bar, algunos se acercan y me preguntan por la situación política actual como si yo entendiese o supiese algo más que ellos. La política solo se entiende en la calle y, desde mi punto de vista, para saber de política española, hay que estar en estos bares nuestros en los que todos opinan sobre todo, todos criticamos a todos y nos quejamos de todo mientras en el bolsillo siempre nos acompañan esas monedas que nos permiten los cafés, las cañitas, los vinos y las tapitas tan típicas nuestras.

Aquí, en este lugar, ya me he quedado con el mote de El Político. Cuando salgo por la puerta, cada mañana, siempre escucho al alguno decirle al otro, "ese es el hijo de José María, el político".

Prensa y libros ocupan una mañana que se llena de versos y pensamientos. 


La comida, normalmente, si no es en casa, suele hacerse en otro de esos excelentes restaurantes minayenses: Olegario o Pilar, o lo que es lo mismo, Restaurante Los Manchegos o Restaurante Cubillo.

En el Restaurante Los Manchegos, atendido excelentemente bien y con un cariño siempre especial, por la familia de Olegario, los Romero y Jiménez, se puede comer una cocina casera tan amplia que no tendrías tiempo ni días para probar todos los platos. Más que recomendable. Excelente. Yo siempre me quedo con los gazpachos manchegos, los platos de cuchara y toda la brasa, en especial el excelente conejo con esas patatas de acompañamiento que se te saltan las lágrimas.

En el Restaurante El Cubillo, atendido excelentemente por Pilar, la mujer de Tomás, es una antigua casa convertida en restaurante pero que antes, de toda la vida, al menos para mi, fue el Bar de Tino.

En este restaurante encantador, puedes degustar, también, cualquier plato típico manchego: gachas, gazpachos manchegos, cocido, arroces, brasa y, como plato típico, las pernalas: patatas, pimientos y jamón que, en su conjunto, te hacen rezar para que no se terminen.




Es curioso pero, en este antiguo bar, he vivido los mejores años de mi vida: el Tino, el bar de Tino, Tinejo. Era nuestro punto de encuentro nocturno en mis veranos de adolescencia y juventud.

Está en el paseo de Minaya. En aquél entonces nos bastaba una mesa, una lebrilla de barro con Paloma (bebida típica de Minaya, el que quiera saber la fórmula de elaboración que lo busque o que se dedique a comprar cazalla y mezclar), unos garbanzos tostados, los amigos y todas esas sensaciones que aquellos veranos jóvenes solían provocar y que ahora, muchos, evocamos con añoranza.

La verdad es que en aquel entonces el tiempo corría tan deprisa que mira, no he llegado a darme cuenta hasta ahora, con casi 50, que hay que vivir tan intensamente los momentos que luego, con el tiempo, no te haga falta recordar.

Minaya tiene un valor tan único y especial que sólo podemos poner en valor los que conocemos. Tal vez un poco de todos puedan hacer un mucho. 

Me fastidiaría enormemente no tener mesa en alguno de estos restaurantes fantásticos. Por otro lado, me encantaría que muchos que no conocen, disfrutaran de estos rincones tanto como yo los disfruto.

Para comer y disfrutar de la gastronomía auténtica de La Mancha, de Albacete, no hace falte recuerde: Restaurante Los Manchegos y Restaurante El Cubillo.

Próximamente escribiré, específicamente,  sobre el encanto y los sabores de cada uno de ellos.

Esto se acaba. Feliz tarde.
Los caminos difíciles son los más fáciles de recorrer porque estamos siempre alerta. Aquellos que parecen fáciles, son en los que más tropiezos tenemos, simplemente porque nos confiamos.

viernes, 22 de julio de 2016

Dice Primo Levi que...

"Es el deber de los hombres justos hacer la guerra a todos los privilegios inmerecidos, pero no hay que olvidar que esto es una guerra sin fin" 

jueves, 21 de julio de 2016

21.07.2016... Pokémon Go en Minaya.

Lo que tiene tratar de estar desconectado es que, sin darte cuenta, consigues estarlo. 

Hoy abrí los por aquí, por Minaya, porque creo que uno de los pocos gallos que deben de quedar en el pueblo, me despertó. Y digo esto porque hacía muchísimo tiempo que no llegaba a dormir esas ocho horas que deben ser reglamentarias en todo ser humano. Es posible, que haga más de algunos años que no había conseguido dormir, de seguido, así. 

Mi primera sensación, mi segunda y tercera, es que todavía vivía en un miércoles. Fue Marisol, en mi perfil de Facebook, quién amablemente me recordó que no, que había vivido ayer en miércoles y hoy, como un privilegio más, tenía ante mi el jueves. 

También hacía tiempo que no perdía esa noción del tiempo. Y me ha parecido correcto, no me ha sentado mal, haber vivido sin darme cuenta de haberlo hecho, muchas veces es razón suficiente como para pensar que lo has hecho en un estado inconsciente de felicidad. 


Leo estos días en la prensa, con extrema atención y expectación, el lanzamiento de un juego que se ha convertido en una especie de moda en todo el mundo: Pokémon Go. 

Desde el fin de semana pasado, vengo leyendo y viendo, con atención, noticias en todo los medios, sobre este espectacular lanzamiento y el éxito que está cosechando. Tanto que, a día de hoy, los telediarios comienzan a aconsejar sobre su uso moderado o, por ejemplo, que las empresas que lo han desarrollado suben en bolsa como la espuma. 

No deja de asombrarme que, productos así, se conviertan en un espectacular reclamo para las gentes que habitamos este planeta. ¿Tanta necesidad tenemos de que un simple juego nos genere atracción? 

Hay personas que no habían caminado en su vida que comienzan a caminar buscando estos bichos; gente que –según he escuchado en las noticias- tienen accidentes con el coche o por la calle por ir pendientes de este juego en el móvil. Unos que corren por el Retiro de Madrid, buscando estos bichitos o que, por primera vez en sus vidas, entran en una iglesia porque parece que en ese momento un espécimen de Pokemon ha aparecido por allí. Las Plazas de pueblos antes desconocidos, comienzan a ser visitadas por gentes buscando esos curiosos especímenes virtuales. 

Pero eso no es todo. El marketing y el consumo aprovecha todas las oportunidades. Hay restaurantes que comienzan a anunciar sus menús diciendo que hay Pokemon’s en su interior. 

No voy a criticar ni defender. Me da igual lo que haga cada uno con su tiempo, con su vida y con su móvil; pero sí he de decir que este juego tiene ya un éxito abrumador. 

A partir de ahora comenzarán a salir los defensores y detractores del juego. Se comenzará a especular sobre los pros y los contras. Los habrá que se dediquen a escribir teorías sobre el por qué del éxito; otros buscarán filosofías simbólicas, que nos hagan dudar sobre si desde el más allá algo nos está profetizando el fin del mundo por una invasión de Pikachu. 

Lo cierto es que Pokémon Go es una revolución tecnológica que ha conseguido que, con una tecla en nuestro móvil, podamos, sin cambiar nuestras rutinas, dedicarnos a cazar muñequitos que van apareciendo en lugares insospechados de nuestro hábitat común. 

Y sí, no puedo escribir nada de nada si no lo experimento. Sí, contemplando que estos días el mundo entero parece tomado por unos exóticos y feos monstruos de una especie llamada Pokemon, que existe ya en más de 30 millones de usuarios que se han descargado este juego, he querido comprobar qué coño es esto

Me lo he descargado en el móvil. Lo he abierto, he dejado que a través de mi GPS el juego me posicionara y, sorpresa, en ese instante ha aparecido un muñeco en la mesa de mi porche. No he tardado mucho en cargármelo con una especie de huevo, comérmelo o lo que sea. 

He querido probar más. Estoy en Minaya, no entiendo mucho que en este pueblo, que para muchos pueda parecer hosco, encantador para pocos (para mi) y desconocido para muchos, hubiese de estos bichos danzando, repito virtualmente, a sus anchas. Me he puesto a andar y… ¡sorpresa! En la puerta de casa otro bicho. Cazado. 

En fin, probado el juego, consciente de que Minaya existe también para los Pokémon, creo que, sin duda, detrás de este juego se esconde mucho más: información, negocio

La información, las costumbres de cada uno, los pasos y movilidad de las personas, aunque sea jugando, supone un poder que, bien utilizado, termina por dirigir o redirigir costumbres, hábitos o consumos. Influir en decisiones.

¿Qué pasaría si, por ejemplo, estos 30 millones de seguidores del juego en todo el mundo supieran que, por ejemplo, en la antigua estación de tren de Minaya, por ejemplo, está el 'bicho' que más vale del juego? 

Un reclamo, una publicidad que, bien utilizada, puede generar ingresos. 

Todo lo que sea para bien, bienvenido sea.

Voy a seguir disfrutando del jueves, o ¿miércoles? o ¿martes? Qué más da. Sigamos viviendo. 

No sé por qué siempre me he dicho que es mejor estar de pie que sentado. La capacidad de reacción siempre es mayor.

miércoles, 20 de julio de 2016

Dice Josep Pla que...

“El escribir ha creado dentro de mí un yo íntimo y espontáneo, una persona extraña, que muchas veces ni yo mismo comprendo lo que tiene que ver conmigo, de tantas diferencias como constato. En virtud de este desdoblamiento resulta que si yo, por natural, soy un ser débil y mísero, cuando tengo una pluma en la mano me vuelvo dionisíaco y ofensivo, entro en un estado de exaltación silenciosa y soy capaz de mantener una posición hasta las últimas consecuencias“

martes, 19 de julio de 2016

19.07.2016... Recuerdos en Minaya I

En estos días, que respiro campo, que respiro tierra y raíces propias; en estos días, que el tiempo, con un limpio e inmejorable estado mental, me permite leer, reflexionar y pensar mucho más.

Sinceramente que, posiblemente, en estos momentos tenga menos -en el ámbito material- de lo que habitualmente tengo a mi alrededor; sinceramente que, en estos momentos, siento mucha más felicidad de lo que siento cuando tengo tanto a mi alrededor. ¿Por qué?

Comentaba el otro día un amigo, en plan jocoso, en la piscina del pueblo, acompañados de una cerveza fría que "aquí deberíamos pagar por vivir". Es cierto que, el amigo, es uno de esos personajes que viven en el privilegio del positivismo. No tengo claro que  en la vida le haya ido del todo bien, pero sí tengo claro que nunca le he visto triste. Siempre positivo. Siempre sonriendo. Esta vez, de las veces que le he escuchado, llevaba toda la razón: vivir aquí es todo un lujo. Los que lo valoramos a lo mejor deberíamos 'pagar por ello'; los que no lo valoran, sinceramente, deberían repensarse su lugar en el mundo.


Seguro que muchos de los que habitualmente andan por aquí, disfrutando de esta vida tranquila, sin más ambición o problema que el de vivir dignamente, no lo valoren.

Algunos, de los que no podemos disfrutar de Minaya, de sus campos, de su belleza innata, de su poesía escondida, de vez en cuando, el mero hecho de poder vivir unos días por aquí, nos es suficiente como para valorar la esencia de la vida que, simplemente es esto: mirar por la ventana. 

Hace exactamente 80 años comenzó la Guerra Civil española; hace 80 años España se partió en dos. A día de hoy,  todavía tengo mis dudas de que aquella partición no siga vigente. 

El golpe de Estado en España de julio de 1936, fue una sublevación militar dirigida contra el gobierno de la Segunda República, surgido de las elecciones de febrero de aquel año, que tuvo lugar en julio de dicho año, y cuyo fracaso parcial condujo a una guerra civil y, derrotada la República, al establecimiento de una dictadura, vigente, desgraciadamente, en el país hasta la muerte del dictador Franco en 1975. 

Una de las mayores vergüenzas de nuestra historia, no la única, en la que la culpa de todos supuso la muerte de muchos

Estos días, casualmente, en Minaya, he leído la copia de una libretilla (el original lo posee mi tío Paulino) en la que mi abuelo Santiago, padre de mi madre, escribió lo que fue su llamada a filas, exactamente el 20 de abril de 1938:

“El día 20 de abril de 1938 salí de mi casa a incorporarme en la caja de reclutas de Albacete. Allí estuve hasta el día 30 de dicho mes que nos sacaron con dirección a Madrid, en el tren. El día siguiente, 1 de mayo, llegamos a Tembleque y desde allí continuamos el viaje en camión hasta la capital de Madrid, llevándonos al cuartel de Ramón y Cajal. Al día siguiente, día 2, nos llevaron en el tren a Guadalajara y desde allí, en el mismo día, nos llevaron en camión a un pueblo de la provincia de Guadalajara llamado Ruguilla. Allí quedamos haciendo instrucción, perteneciendo a la Base de Instrucción de la 33 División del Cuarto Cuerpo del Ejército. Allí estuvimos hasta el día 17 que nos destinaron a la 136 Brigada Mixta Tercer Batallón. El mismo día nos llevaron en camión a un sitio llamado El Matorral que estaba el batallón descansando y allí me destinaron a la 4ª Compañía. Al día siguiente, día 18, me llevaron a un sitio llamado Barranco De la Hoz, que estaba la Compañía, también de descanso. Allí estuve hasta el día 28 del mismo mes que todo el batallón fue por la noche a relevar al Segundo Batallón que estaba en primera línea, dando la marcha a pie y se hizo el relevo de la misma noche quedando nosotros ocupando la posición que ocupaba el otro batallón. Dicha posición estaba sobre el río Tajuña, dando vista a Torre Cuadrada. En dicha posición estuvimos hasta el día 2 de octubre…” 

A partir de ahí, mi abuelo va contando sus días, como si de un diario se tratase, hasta el 17 de marzo del año siguiente. 




Un documento interesante para mi, no más de los muchos documentos existentes, no más de las muchas libretas o cuadernos escritos e inexistentes por haber quedado en el anonimato, de todo aquél que vivió en primera persona tan nefasta experiencia.

Mi abuelo Santiago vivió, como mi otro abuelo José María (Serafín, en carnet de identidad), la misma experiencia de muchos de sus vecinos de Minaya, como la de toda España, de uno u otro ‘bando’, dependiendo la zona dónde estuvieran, y que tuvieron la obligación, no voluntaria, de vivir

Ambos, mis dos abuelos, regresaron vivos de la guerra. Otros muchos no lo hicieron. Ambos pudieron continuar sus vidas, en paz, con sus familias en un pueblo que, por lo que yo he sentido, ha estado ajeno a esos rencores que sí se vivieron (y en algunos casos se viven) en otros lugares. Ambos, hombres de campo, hombres humildes, hombres de bien, vivieron en la escasez, en la dignidad vital, en el valor y el subsistir; ambos sacaron adelante a grandes familias educadas en valores y en el sacrificio del tener para ser, no el ser para tener

Les conocí felices. 

Mi abuelo Santiago falleció siendo yo niño. 

Lo recuerdo perfectamente: delgado, con las facciones marcadas, el pelo corto y gris, de pantalón negro, camisa blanca, de vez en cuando, en ocasiones, chaleco negro y siempre las albarcas. 

Ahora mismo, contemplando a mi tío Santiago y mis primos Paulino e, incluso, Santi, le veo un poco a él. 




Le recuerdo a última hora de la tarde, cuando venía del campo con aquel carro y el burro. Abría las portás y entraba dirigiendo, con gran protocolo al animal, para que no rozase en las puertas. Era serio. Se sentaba en una silla en el patio. Se lavaba en un cuenco, y afeitaba en el mismo agua con el jabón y una navaja. 

Tras el aseo cogía una cebolla, un pedazo de pan, la pelaba y se la comía tan feliz. 

No recuerdo muchas conversaciones con él. No recuerdo muchos más momentos que ese, en el que una mañana fría, en época de matanza, que nos juntábamos toda la familia, se ve que desperté pronto y le vi correr tras el cerdo por el corral, alimentado durante el año para la ocasión, garrote en alto, como un quijote desesperado, hasta que le dio alcance junto a otros, para terminar subido a la mesa -el cerdo- en la que sería sacrificado por los matarifes.

Una escena habitual en los pueblos, pero una escena dantesca y estremecedora de la antigua España. Escuchar los gritos del animal mientras la sangre brotaba sobre un cubo, para luego ser utilizada en el resto de labores de la matanza: entre otras para hacer morcillas. 

En el siguiente recuerdo que tengo, veo a mucha gente en el patio, mientras la familia, mi abuela, madre y sus hermanos, velaba dentro de la casa el cadáver del abuelo. 

Falleció joven, de cáncer. 

Es curioso cómo, cuando paso días por aquí, por mi pueblo, me vienen tantos y tantos recuerdos. Unos mejores, otros peores. Pero son recuerdos. 

Poco a poco voy tomando notas de ellos. Poco a poco los voy recopilando no sé con qué ánimo ni intención. Lo que sé es que la escritura puede ser un modo de mostrar nuestras vidas a quién nos lee. Es un modo de hacer partícipes a los demás de nosotros mismos, hasta que ese nosotros se convierte en el del otro.

Y aquí, ahora, termino mis reflexiones de hoy.

Dice Albert Einstein que...

"Nunca consideres el estudio como una obligación, sino como una oportunidad para penetrar en el bello y maravilloso mundo del saber." 

lunes, 18 de julio de 2016

A veces buscamos justificación a lo que no lo tiene y otras preferimos no justificar nada y seguir viviendo momentos. Es lo que tiene la libertad de elegir.

domingo, 17 de julio de 2016

17.07.2016... Reconvirtiendo.

Escribo estás líneas desde uno de mis rincones favoritos. Ahora mismo, veo el sol que va cayendo sobre un campo dorado, repleto de alpacas que brillan en el infinito. 

No es habitual terminar la semana así, desde aquí, desde Minaya, pero he de decir que esta experiencia de preludio veraniego, más necesario que deseado, me ha traído a embriagarme de campo, de pueblo, de mi tierra. 

Ha sido necesario porque el agotamiento mental y físico aconsejaba un parón en seco. Uno de esos parones que sirve de reconversión y reflexión antes de continuar con la acción. Por otro lado, y por qué no decirlo, buscar unos días en este espacio mío, era algo que me apetecía desde hacía tiempo. 




He hecho, también, un paréntesis de momentos poéticos, de esos que la vida te trae por sorpresa, de esos que sin duda están y se llevan. Buscar los equilibrios es tan importante como vivirlos. Para vivir los momentos no hay que dejar nunca de equilibrar la vida. 

No puedo decir que haya comenzado, del todo, con muy buen pie. Una ciática me acompaña desde principios de la semana y me obliga a mantener el reposo y no hacer excesos deportivos. Tampoco viene mal como descanso, el problema, siempre está que, en estos parajes manchegos, la gastronomía supera en exceso las calorías permitidas en el equilibrio vital. Por otro lado ¿y qué más da? ¿no se trata de disfrutar? 

Tampoco llegué aquí dejando allá del todo los problemas. Y eso me está haciendo reflexionar sobre algo que aconsejo habitualmente y que a mi, en determinadas ocasiones, me es difícil seguir: revertir las emociones negativas. 

A veces nos sentimos nerviosos, estresados, enfadados o crispados por ciertas cuestiones. Todo puede ser un instante, todo puede ser un momento. El simple hecho de mirar el cielo, o contemplar este campo vibrante, nos puede cambiar y estar la mar de bien. 

Los problemas no los causan tanto las situaciones como la manera de interpretarlas o pensarlas. Estos pensamientos nos hacen sentir y actuar de una manera concreta. 

Aquí trato de reflexionar por unos días y cambiar pensamientos. Es muy difícil cambiar, de un día para otro, hábitos y comportamientos, pero no pensamientos. Los pensamientos se pueden cambiar y moldear según más nos interese. Depende de ello nuestra calidad de vida. Debemos de alimentar nuestro interior para que no nos afecte tanto el exterior que nos rodea. 

El estoicismo, más en concreto el gran Marco Aurelio, se refería a ello como la ‘ciudadela interior’. Creo que era algo así. Poseer un carácter interno que seamos productores de bienestar, independientemente del exterior. 

Así que de momento, amigos, vamos a seguir unos días poetizando instantes y, ahora que ha cae el sol, regando el pequeño huerto. 

“Ni una voz, ni un sonido conviviéndose en él. Si hundo mi mano extraigo sombra; si mi pupila, noche; si mi palabra, sed.” José Ángel Valente

Dice Erich Fromm que...

"El acto de desobediencia, como acto de libertad, es el comienzo de la razón" 

sábado, 16 de julio de 2016

Los versos se encuentran en los pequeños silencios, en los pequeños momentos que convertidos en costumbre marcan el Vivir de nuestros días.

jueves, 14 de julio de 2016

He descubierto que la experiencia en la vida te la dan los tropiezos y nunca los aplausos. En el tropiezo sueles estar sólo, en el aplauso acompañado del interés.

miércoles, 13 de julio de 2016

13.07.2016 Los cuadernos...

Acabo de salir a correr un poco por las calles de Getafe. Más que correr creo que lo que he hecho es andar a un ritmo rápido, o correr como una tortuga. 

Siente uno ese tipo de cansancio que agradece porque significa vivir y vivir para cansarse es vivir disfrutando y sintiendo cada instante.

Uno sale a correr y siente que le falta algo. Cuando corro pienso y cuando pienso siempre tengo algo que anotar. Pero si vas corriendo, lo normal, sobre todo en mi caso, es que me falte algo más que importante para mi.

Si hay algo que me viene acompañando durante toda mi vida es un cuaderno. No recuerdo un momento de mi existencia, desde mis primeros pasos, sin un cuaderno cerca de mi.

Me contemplo, de canijo, emborronando, rayando, aprendiendo a escribir en uno de esos delgados cuadernos, de pocas páginas, Centauro, con las tablas de multiplicar en las tapas, con sus rayas perfectas y ese olor inconfundible. Y ahora, en esos otros de tapa dura moleskine, u otros de diseños creativos, artísticos, con su tamaño perfecto y también, rayados para no dejarme llevar por las líneas deformes.




Mis cuadernos van escondiendo mi vida, mi aliento. 

En cada página unos pensamientos que son como pasos que van avanzando en el tiempo, sin más remedio que el de dormir en alguna que otra estantería para ser leídos, tal vez, algún día, por los que me hereden y quieran saber de mi y mi mundo. A veces, las más, pienso que no será así, que morirán abrasados o triturados por el desánimo; con ellos morirán, verdaderamente, mis palabras y silencios.

Recuerdo cómo de pequeño mentía para que mi madre me comprase cuadernos. Decía que los había perdido, arrancaba las hojas para que se terminasen pronto o, simplemente, decía que el profesor nos pedía comprar uno nuevo. Mi madre me daba unas monedas y feliz cruzaba a la droguería del señor Goyo que, además de lejías y productos de baño y limpieza, vendía bolis y cuadernos. Lo cogía, lo abría y lo olía, como sigo haciendo ahora cada vez que compro uno.

Soy incapaz de entrar en una papelería y no parar a ver esos cientos de tipos de cuadernos que ahora existen. Rara es la vez que no compre alguno; voy acumulando en la estantería como joyas únicas sin llegar a desvirgar con tinta jamás. Me gusta verlos, tocarlos. Algunos ni siquiera los saco de sus envoltorios plásticos.

Hay cuadernos en los que escribo y cuadernos en los que habito.

Tocar sus hojas, acariciarlo como si fuera un libro. Cuántos cuadernos habrán dado forma a esas grandes creaciones literarias. Cuántos cuadernos esconderán tantísima vida en los rincones de las casas.

Creo que no sabría vivir sin un cuaderno cerca. No sabría vivir sin esos rincones en los que dejar posar un verso, un pensamiento, una reflexión o un simple apunte. Esos cuadernos en los que voy recortando las imágenes que para mi significan algo en mi día a día. Es tan simple como eso.

Tal vez, algún día, cuando yo no esté pero si estén todos esos cuadernos, a mi hijo le de por juntarlos y revolotearlos a modo de lectura biográfica. A veces yo abro uno de tantos al azar. Me pierdo en la lectura hasta que me hace revivir el momento, incluso el lugar, la música, el ruído o el silencio que sentía cuando escribía. 

A veces me emocionan mis palabras y otras me hacen reír. Pero son eso, mis palabras, mejor o peor escritas, peor o mejor pensadas.

Feliz noche...

Dice el Pirkei Avot que...

"Todo hombre será juzgado acorde a la mayoría de sus actos, y no acorde a la grandeza de un acto" Pirkei Avot Cap 3 Mishna 15

martes, 12 de julio de 2016

Música Running: James Blake - Radio Silence..

Simplemente especial...

En nuestra cabeza pueden estar nuestros peores enemigos: los pensamientos negativos. Solo venciéndoles habremos dado el primer paso hacia el logro de nuestros objetivos y de la felicidad.

lunes, 11 de julio de 2016

Mis Momentos: en Barcelona.


Dice Theodore Roosevelt que...

“No es el hombre crítico el que importa (…) El mérito es del hombre que está en el ruedo, con el rostro cubierto de polvo, sudor y sangre; del que lucha valientemente; del que yerra; del que fracasa una y otra vez, porque no hay intento sin error ni fallo; del que realmente se esfuerza por actuar; del que siente grandes entusiasmos, grandes devociones; del que se entrega a una causa digna; del que, en el mejor de los casos, acaba conociendo un triunfo inherente a un gran logro; y del que, en el peor de los casos, si fracasa, al menos habrá fracasado tras haberse atrevido a arriesgarse con todas sus fuerzas”.

domingo, 10 de julio de 2016

10.07.2016... Cuestionar, Pensar, Dudar.

Ya contemplando cómo anochece, cómo termina el día y la semana. 

Ya contemplando cómo se van los días y cómo el calor de este verano intenta adormecernos.

Un fin de semana necesario. Un fin de semana respirando esa tierra mía, quijotesca, que me inyecta, entre los cielos azules del día que planean sobre los trigales áureos y el baño de estrellas que amamanta la noche, un sin fin de versos: Minaya.

Momentos familiares entremezclados con momentos de reflexión y poesía.

Poco deporte sustituido con ese caminar mientras la noche encuentra su infinito en la llanura.

Pensaba hoy, mientras leía algunos artículos de los suplementos literarios del fin de semana, que la literatura, la poesía, es una vía de escape en la vida de muchos. Nos desahogamos sobre las hojas de nuestros cuadernos, creamos esas vidas que tal vez nos hubiera -o gustaría- vivir, pero que por falta de valentía o decisión, no vivimos.

En cada libro existe una vida; en cada poema, el poeta desangra sus emociones y sentimientos buscando la esencia del momento. Cada estrofa, cada línea, cada verso, es un aliento, un suspiro o un momento.

Tengo esta semana, arrastro, una especie de cansancio agradecido. Viene de atrás; viene de tensiones generadas por el trabajo, o los trabajos, y con momentos de vida poéticos. 

Llegamos a estas fechas buscando ya otro tipo de sensaciones, esas que nos permitan reencontrarnos más con nosotros.

La verdad es que me da igual lo que piensen unos y otros de mi, como me da igual también lo que haga el otro siempre que su acción no repercuta negativamente sobre mi.

Tendemos a estar más pendientes de lo que hacen los demás que de nosotros y eso provoca, en numerosas ocasiones que nuestras vidas sean tan ajenas a nosotros como lo deberían ser, realmente, las del resto.




Siempre he preferido decir, que callar. Y siempre he preferido a aquel que grita y dice lo que piensa, aunque a veces se equivoque, que a ese modosito que calla y luego te navajea por detrás.

Y es que cuando llegan estas fechas, cuando uno va notando que el cansancio le acompaña más de lo habitual, es cuando se entretiene más en dudar.

La duda es el motor de nuestra vida si somos capaces de, junto a ella, tomar decisiones sensatas.

Sin dudar no se conoce. Sin equivocaciones tampoco.

Dudar es preguntarse, es no quedarnos satisfechos con nada, no acomodarnos, no creer lo que nos dicen.

La duda nos obliga a preguntarnos, nos hace equivocarnos para volver a reflexionar o cuestionar hasta nuestra propia existencia.

Por eso las dudas pueden ser siempre un referente en nuestras vidas. Las dudas, marcan la prudencia.

Y eso creo. Nos cargamos de tanto, que somos capaces de liarnos nosotros mismos de tal manera que, sin darnos cuenta, nos vemos envueltos en un todo olvidando nuestro Ser.

Por eso es tan importante buscar nuestro bienestar interior.

Por eso es tan importante ser capaces de renunciar a todo aquello que sobra, que normalmente es mucho más de lo que pensamos.

Por eso es tan necesario agradecer, valorar y apreciar todo lo que tenemos a nuestro alrededor.

La felicidad no está ahí afuera, está aquí, está dentro de cada uno.

Nuestra debilidad está en creer que todo lo externo es lo que nos provoca felicidad.

No pensamos en nosotros porque nos han hecho creer que eso significa egoísmo. Y no es así.

Últimamente contemplo, siento, que las adversidades no impiden ser feliz, lo impide nuestra forma de pensar.

Pensar, cuestionar, dudar, reflexionar. Vivir en una eterna duda como el que habita dentro de uno de esos globos de jabón que en cualquier momento puede ser explotado.

Y lo cierto es que, bajo esta temperatura, uno escribe ciertas chorradas que luego, al releer, ni siquiera sé cómo han podido llegar aquí. 

Sinceramente, prefiero guardar en este pequeño rincón a que queden perdidas en esa mente mía que continuamente bulle en ideas, pensamientos, proyectos y dudas.